A solas con Oreste Berta

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Christian 380W
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A solas con Oreste Berta

Mensaje por Christian 380W » 28 May 2019, 12:04

“Quise poner a la Argentina en un lugar importante y casi me cuesta la vida”

El preparador de autos número uno del país recibió a TN Autos en su casa. De Fangio a la medicina natural, del Torino al cuidado de los animales y la idiosincrasia argentina. Charla íntima con un distinto.

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Se abre el portón eléctrico y asoma. Remera, pantalón, abrigo y zapatos negros. Cabello blanco, lentes y voz inconfundible. “Me pareció escuchar un auto”, dice mientras estrecha la mano. Cae el sol en Alta Gracia, Córdoba, y Oreste Santiago Antonio Berta abre las puertas de su casa.

A los 80 años el preparador de autos más importante de la Argentina recibió su tercer título Doctor Honoris Causa, en este caso de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), Facultad Regional Córdoba. El mismo lugar donde ayer dio una conferencia ante un auditorio colmado. Una dulce revancha para quien abandonó la academia decepcionado y forjó su vida como un autodidacta.

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Se podría esperar que su casa sea un derroche de fierros y trofeos, una cierta ostentación del éxito. Nada de eso. Reina una cálida elegancia en la que destacan dos cuadros: la Mención de Honor Domingo Faustino Sarmiento que le entregó el Senado de la Nación en 2017, y el de una cosechadora de la fábrica de su abuelo, donde todavía adolescente consiguió su primer trabajo.

“Vengo de una caminata a fondo, 45 minutos, he tenido un problema bastante serio hace dos meses”, comenta El Mago, a quien no le gusta que le digan así, más allá de que es la forma cariñosa con que lo conoce su legión de seguidores. Lo que le ocurrió es que se cayó de un techo y tuvo múltiples fracturas. “Hago caminata nórdica, con el bastón, que es la manera de fortalecer todo. No vamos a parar por tan poca cosa”, relata jocoso.

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Al recibir el tercer título Doctor Honoris Causa, esta vez de la Universidad Tecnológica Nacional (facultad Córdoba).

La mayor parte del tiempo Berta vive en el campo. Casi no aparece en los medios de comunicación y solo de vez en cuando lo hace en Alta Gracia ciudad. Es ahí, más precisamente desde el sillón del living de su casa, donde charlará durante casi dos horas con TN Autos.

Lúcido y eligiendo cada palabra sin apuro. De Juan Manuel Fangio a su pasión por la lectura, de sus años en Industrias Kaiser Argentina (IKA) a por qué decidió ser guardafauna. También, claro, sus decepciones: "Pensé que podíamos poner a la Argentina en un lugar muy importante en el automovilismo. Y empecé a jugarme la vida por eso… casi la dejo".

Su padre y su abuelo, el día que Colin Chapman quiso hablar con él y cómo llegó a ser un especialista en medicina natural. "La he pasado muy mal, he zafado varias veces", confesó en relación a su salud. El placer por volar en helicóptero, la idiosincrasia argentina y su poca nostalgia hacia los hechos del pasado.

-Teniendo en cuenta que en su momento abandonaste la universidad decepcionado, ¿qué sentiste al recibir tu tercer título Doctor Honoris Causa?

-Yo soñaba con ser ingeniero. Hice un año libre para entrar más rápido y a los 16 años estaba en la universidad. Fui a estudiar a Rosario en 1955, pero con la Revolución del '55 se paró todo. Arrancamos segundo año y empezaron los cambios de profesores, el que era peronista, el que no era peronista, todas esas historias de la Argentina que no son de ahora sino de toda la vida. La universidad iba para adelante y para atrás. Vi cómo profesores maltrataban alumnos. Terminé segundo año y creo que había rendido cuatro materias. Yo, que quería ir a fondo. Entonces decidí venirme a Córdoba. Dije voy a hacerme un auto sport, y había dibujado todo el auto: el motor, las piezas, el chasis. Era el tiempo de la Maserati Birdcage. Me pongo a estudiar Estática, que era una materia donde uno veía las cargas y los esfuerzos, algo que a mí me hacía falta para saber cómo iba a funcionar mi chasis. Estudié esa materia con un entusiasmo terrible. Voy a rendirla y para el profesor todo estaba mal. Que el método, que una cosa, que otra, me dijo que yo era uno de esos que aprendía las cosas de memoria y que por eso hablaba tanto. Chau, vuelva la próxima pero aprenda más. Yo creía que me iba a sacar no sé, un siete, un ocho, por todo lo que había hecho. El tipo me aplazó y me trató mal. No recuerdo qué le dije, pero muy bien no lo traté. Dije basta. Yo no estudio más. Por eso el Doctor Honoris Causa para mí tiene una importancia grande. Por el hecho de que, como digo siempre, soy alguien que empezó a estudiar en la universidad y no alcanzó a terminar su carrera.

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Oreste Berta sonríe entre Oscar Alfredo Gálvez y Carlos Reutemann

-Pero después terminaste estudiando por iniciativa propia, tanto o más que en una carrera universitaria.

-Realmente no seré un ingeniero tal cual son la mayoría, pero tengo conocimientos bastante importantes de ingeniería. Yo creo que en un porcentaje muy grande, bastante más que los ingenieros. A mí me gustaba la preparación de motores, y yo veía que había diferencia entre la manera de pensar de un ingeniero y de alguien que preparaba motores. Y no estaba seguro de dónde venía. Cuando me surgió la posibilidad de vivir en EE.UU. me fui con mi señora, tuvimos nuestra primera hija allá. En EE.UU. empecé a dar vueltas de nuevo con el tema de la ingeniería. Despacito empecé a meterme con eso. Acá, en IKA, yo agarraba los problemas que los ingenieros no sabían resolver y ellos los problemas de ingeniería que yo no sabía resolver, la parte matemática. Cuando formé mi propia empresa, me faltaban los ingenieros. Como me fui tan bien de IKA, al principio vivía subiéndome el auto e iba, preguntaba a los ingenieros, iba al laboratorio. Pero tenía que estar todo el tiempo: ¿cómo hago esto? ¿Cómo calculo esto? Hasta que me puse a estudiar el tema. Empecé de a poco y cada vez más y más, me empezó a entusiasmar. Leer libros, estudiar y juntarme con los ingenieros a discutir.

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Empezó preparando bicicletas con motor. Berta es el del centro (sin número). Foto publicada en su autobiografía "Motores, autos y sueños"

-¿Cómo se tomó tu familia que decidieras no estudiar más?

-Cuando lo decidí me fui a verlo a mi papá a Rafaela. Él era un tipo muy especial. Le dije mirá te vengo a decir que dejé de estudiar. Y me dice bueno te espero el lunes a las ocho de la mañana en la oficina. Pasate el fin de semana, ve a tus amigos, y el lunes te espero. Cuando caí a la oficina papá me explicó la obligación de un padre con un hijo, que era alimentarlo, vestirlo, darle vivienda y educarlo. Yo hice esto, esto, esto, y te estoy educando pero vos te das por educado. Pensalo bien porque de ahí en adelante no te voy a dar más todo lo que te di, porque ya sos independiente. Me dice hacé una cosa, tomate dos semanas y después me decís. Yo empecé a buscar trabajo y lo fui a ver a mi abuelo que tenía una fábrica de cosechadoras en San Francisco, Córdoba. Mi abuelo me trató más o menos como mi papá, pero me dio trabajo. Me mandó a hablar con el jefe de personal, lo que me quería mi abuelo no tenía nombre. Le pregunté si me podía ir a vivir con él y me dice sí, no te preocupes, yo casa y comida te doy, pero lo demás lo tenés que conseguir vos. El jefe de personal era un pariente mío también, y me dice te podemos dar un trabajo relacionado con la ingeniería y pagarte tanto por mes. Y le digo no sé, me parece que es medio poco. Me dice sí, pero tenés casa y comida. Me quedé pensando y le dije que sí. De esa manera arranqué mi vida fuera de la universidad. Estaba realmente furioso con las universidades, no quería saber más nada.

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Junto a Juan Manuel Fangio, quien en Europa lo presentaba como "mi ingeniero".

-Hasta acá en tu vida se podría decir que el estudio formal de ingeniería y la preparación de motores iban por caminos separados

-Después fui encontrando la manera de que las cosas engranaran una con la otra. Terminé descubriendo que la ingeniería del auto y del motor deportivo en lo único que difiere con la ingeniería normal es en los límites que uno utiliza. Cuando me di cuenta de eso empecé a utilizar todos los cálculos. Al año siguiente de salir de Renault con un ingeniero alemán que estaba hicimos, o él hizo y yo empecé a usar, los primeros programas de computadoras para diseñar autos. Éramos los únicos en el mundo que diseñábamos partes de los autos de carrera con computadora. Una vez estaba caminando por los boxes en Nürburgring (Alemania) y viene un periodista amigo que andaba con Lole Reutemann. Me dice Colin Chapman quiere hablar con vos, si podés ir al motorhome. El camión que tenía Chapman en la Fórmula Uno es más o menos como el que usan acá ahora en las carreras zonales. Era una cosa de nada. No me lo voy a olvidar nunca, eran las diez de la mañana y me invitó con un “scotch on the rocks”, ¡a las diez de la mañana! El tipo me empezó a preguntar sobre lo que yo hacía con la computadora. Y yo digo, ¿cómo sabe Chapman lo que yo hago con las computadoras? Esa época era el principio de cuando nos metimos en el automovilismo internacional. Eramos famosos por la manera en que andaban nuestros autos. Aunque no obtuviéramos los resultados, por lo menos durante el rato que iban, iban bien. Le dije es tan rápido y preciso que es fantástico. Lo llama a Ralph Bellamy, que era el ingeniero, y me pide que le explique. El tipo, yo no me voy a olvidar nunca, dice “nooo, así no se hace un auto de carrera. Las computadoras sirven en la empresa para que haga los sueldos. Yo te voy a explicar cómo se hace una suspensión bien, bien hecha”. Y me empieza a explicar con un pizarrón como de 20 metros, con piolines, moviendo todo. Eso no le erra, claro, pero estás tres meses haciendo solo ese trabajo. Nosotros este y otros trabajos que yo había hecho los presentamos en una conferencia. Fue un ingeniero de Córdoba, no recuerdo dónde. Y Chapman vivía espiando, tenía gente que espiaba lo que pasaba en todos lados. De ahí agarró lo mío.

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El Torino preparado por Berta debutó y ganó en 1967 en el TC. Ese año salió campeón y cambió el TC para siempre. Foto: Revista Corsa.

-¿Considerás que la computadora fue un quiebre en el desarrollo de los autos?

-El de la computadora fue un salto tan enorme que la suspensión de los autos que yo hacía era muy superior al estándar de la época. Por ejemplo, Emerson Fittipaldi tenía una colección de autos de F1, F2, F3, Spot Prototipo, de todo, doce o quince autos, un museo propio. Yo era muy amigo de Emerson. Y le pregunté si podía ir un ingeniero mío a hacer un relevamiento por computadora de todos los autos que tenía, que eran de diferente tipo pero todos buenos en sus categorías. Y en algunos se veían cosas que eran lógicas, y en otros se veía un desastre, que las ruedas iban para todos lados, que pasaban las cosas más insólitas. Entonces ahí dije ah miércoles, nosotros estamos bien avanzados. Después me pasó en Brasil. Hubo un tiempo en el que había mucha preparación de motores, acá y en Brasil. Y todos los motores que preparaban en Brasil la parte del comando de válvulas la traían de Alemania. Los maté, les saqué el negocio categoría por categoría, y empezaron a usar los árboles nuestros, que hacíamos con computadora. El primer árbol de levas que hice por computadora lo hice en EE.UU. Ahí sí lo hice con una computadora de la fábrica, y con un programa que había venido de muestra y al que nadie le había dado ni bolilla. Fue en el año 1962. Lo hicimos y corrimos la carrera de Daytona, con todos los corredores del mundo, todos los equipos oficiales. De ahí en adelante le hice los árboles de leva a Ducati. O sea hicimos muchos trabajos de ingeniería que en su momento era tope del mundo, de avanzada.

Antes de formular la siguiente pregunta llega a la casa Liliana, su esposa y compañera de aventuras. Saludo cordial a TN Autos, pide perdón por la interrupción y encara al Mago:

-dame cien pesos, Ore.

-si tengo…

-¿cómo no vas a tener?

-y me venís sacando la billetera a cada rato.

Mientras Liliana recibe la billetera completa, mira al cronista:

-acá la que tiene y administra soy yo, les aviso.

Más allá de los autos

Si en algo coinciden quienes lo conocen a Berta, además de calificarlo de "genio", es que todo lo que aborda lo hace buscando la excelencia. No importa si es fabricar un camión, un motor a vapor, el propulsor de un avión o construir un Fórmula Uno, todas actividades en las que se embarcó. También es un gran deportista que se destaca, por ejemplo, en tenis y golf.

-¿Cuáles son tus intereses fuera de los autos?

-Volar en helicóptero es uno. He volado no sé, tres mil horas. He volado todos los lugares recónditos de las sierras, todo los Esteros del Iberá, todo por San Juan, Mendoza, agarré para el Norte, por Salta.

-¿Te gusta ir solo?

-Siempre con mi esposa. Siempre me ha acompañado a todos lados. ¡Las cosas que hemos hecho en el tiempo en que no había instrumentos! Ahora con el GPS uno sabe dónde está. Veníamos volando metidos entre las montañas y decíamos esto debe ir más o menos para algún lado, algún rancho, alguien que tenga nafta para ponerle al helicóptero. Le poníamos cualquier cosa. El primer helicóptero andaba con cualquier combustible. Entonces con la nafta común de hace 25 años se podía volar. Pero cada lugar, qué se yo. Una vez fuimos a una carrera en San Juan y después le dije vamos a agarrar para el norte, y nos fuimos, vuelta y vuelta, estuvimos una semana volando. Buscábamos desde arriba, veíamos un pavimento y lo seguíamos. Decíamos esto a algún pueblo vamos a llegar. Antes sin instrumentos no sabías dónde estabas, sabías más o menos por tal lugar. En Santiago del Estero también nos metimos, dimos vueltas por todos lados.

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Algunas de las fotos históricas que reciben al visitante en La Fortaleza, su taller y centro de desarrollo.

-¿Cómo te surgió el interés por la protección de animales y convertirte en guardafauna?

-Cuando yo era chico, tenía 6 o 7 años, iba a cazar perdices con mi abuelo. Dos perdices, para que coma una él y una yo. De chico me gustó eso. Cuando tuve unos años más trabajé de armero, tenía 13 años o algo así. Reparaba cositas, ponía las armas a punto. Tenía un pequeño polígono para alinear los revólveres y las carabinas. Siempre con un tremendo respeto. Cuando cazaba después le dejaba a mi mamá y le vendía a dos tíos míos, y con eso yo me compraba herramientas. Después empecé a ver cómo la naturaleza venía en caída, empezaban a desaparecer los animales y ahí me agarró por el otro lado. Qué desastre que hemos hecho, matando, matando, entonces empecé a cuidar los animales. Realmente me encantan los animales, la vida silvestre, ir, observarlos, cuidarlos, proteger. Mi campo es una reserva natural. Fui guardafauna durante unos años y es tanto lo que renegué, que en este país llega un momento que uno se da por vencido. Tanto lo que renegué con la gente, peleando para tratar de cuidar, y después con los que tienen que hacer cumplir la ley que no la hacen cumplir. Así que llegó un momento en el que abandoné. Dije bueno, ya que no puedo cuidar afuera lo de los demás, voy a cuidar acá dentro, y empezar a hacer un área natural. Cerré en la montaña 120 hectáreas y empecé a criar animales hasta que logré que se convirtiera legalmente en una reserva natural. Los papeles que hay que hacer no se puede creer. Finalmente logré tenerlo. Pude regalar animales a otras reservas, hemos mandado por ejemplo a Mar Chiquita, animales en extinción. Bueno, una vez que tuve todo andando bien, los de la Secretaría de Ambiente, que fueron los que me dieron la autorización, habilitaron la caza todo alrededor del campo mío, entonces empezaron a matar todo. Y después empezaron a matar lo que tengo adentro también. Cosas de este país. Ahora estoy tratando de ver si podemos solucionar el problema porque hace tres meses o cuatro me dijeron que el tiempo que tenía autorizado para que yo tenga una reserva natural se había vencido y que había que renovarlo. Pero han perdido los papeles. Entonces el trabajo que es hacer todo eso es de locos, yo nunca más en la vida lo vuelvo a hacer, me llevó años. Entonces ahí están las peleas internas, dónde están los papeles, que no aparecen. Saben que fue hecho todo legal porque hay partes. Es una cosa de locos. La protección de animales me ha dado unas alegrías enormes.

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Metiendo mano en el Berta LR, un sport prototipo de nivel internacional. Para muchos, su mejor auto. Foto: Revista Corsa.

-También sos experto en medicina natural, ¿cómo es eso?

-Es otra cosa a la que le he dedicado tiempo en los últimos trece o catorce años. Me gusta muchísimo leer sobre medicina, sobre lo relacionado con el cáncer, con los problemas cardíacos. He leído una buena cantidad de libros y he puesto en práctica varias cosas de esas en momentos difíciles de la vida. La he pasado muy mal, he zafado varias veces, varias, y entonces no voy a ir a meterme con un médico, pero si a alguien veo y pienso que le puedo dar un consejo que le puede servir, se lo digo. No me gusta meterme en el camino de los médicos para nada. Tengo cantidad de médicos amigos, con algunos estamos de acuerdo, con otros discrepamos. La medicina cada uno la ve a su manera. Pero también a una cantidad de gente que yo he aconsejado le ha ido bien. Entonces puede ser una casualidad, pero yo estoy feliz de decir bueno a ese le fue bien. Esa es otra de las cosas a la que le he dedicado mucho tiempo en mi vida. Hay muchos que me llaman que uno le contó a otro, y a otro. Por ejemplo estaba en Italia y me llamó Cacho Fangio, me dice mirá quisiera que hables con fulano de tal. Me contó lo que tenía y le digo bueno si yo estuviera en el caso suyo lo que haría es esto y esto. A mí me dicen que tengo siete vidas como los gatos. Yo creo que… yo fui toda mi vida un enfermo, siempre me pasó de todo, cositas chiquitas, pero siempre tuve de todo. Fui el tipo que estaba siempre resfriado, con asma, con alergias a un montón de cosas, con dolores en los huesos por todos lados. Y cuando empecé con la locura de los autos de carrera y todo eso, las cosas se empeoraron. Por ahí un día empecé a estar atrás de la medicina y empecé a leer y leer, y fui cambiando cosas de mi vida, hábitos, e hice así (N de la R: gira la palma de su mano 180 grados).

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-¿Cómo hacés para informarte tanto de todo esto? ¿Dónde buscás?

-Le dedico tiempo. A mí me gusta viajar, conocer lugares, sobre todo si hay mar. No me gusta estar donde hay mucha gente, fui siempre medio alejado de la gente. Y cuando viajamos siempre averiguo dónde hay librerías, y recorro los libros de ingeniería, los de medicina y las biografías. Esas son mis debilidades. Por ejemplo en EE.UU. dos veces por semana la llevo a mi mujer y mi nieta, que vive allá, a una librería que tiene un bar. Ellas charlan, toman algo y yo me traigo una pila así de libros. Los pongo arriba de la mesa, los empiezo a hojear, ver qué es lo que tienen adentro y si me interesa lo marco para tenerlo en cuenta. Voy otra vez y entonces a los que he tenido en cuenta, los miro un poco más. A veces agarro por ejemplo el iPad y fotografío treinta páginas o lo único que me interesa del libro. Porque ahí no hay problema, mi mujer me tiene abierto y yo tuc tuc, en la librería. Y otros me los compro. Me encanta lo que es de ingeniería, que cada vez hay menos. Cada vez es más difícil encontrar algo, y aparte algo que me resulte interesante. Ha cambiado la historia de cómo funciona eso, por eso no hay más. Antes se publicaban muchas cosas, ahora lo publica una universidad adentro. Entonces esa parte es consiguiendo papers del SAE (N de la R: Society of Automotive Engineers o Sociedad de Ingenieros de Automoción, de la que Berta forma parte). Y hojeo las biografías.

-¿Cuál fue la última que leíste?

-La de Martin Luther King. En todas esas cosas uno siempre agarra algo, del tipo que a uno le gusta o el tipo que uno odia. Mucho de la guerra, Winston Churchill, Adolf Hitler, Benito Mussolini, por qué se metían en eso, qué hacían, qué tenían en la cabeza. Me gusta leer todas esas cosas.

-A propósito de todo esto que contás, y algo que se nota en tu libro, es que siempre encarás un proyecto o actividad de una forma integral y dedicada. ¿Identificás un denominador común en tu forma de hacer las cosas?

-Yo trato de meterme en el problema mirándolo desde diferentes ángulos. A pesar de que soy yo el que siempre toma decisiones, me gusta siempre estar con gente alrededor. ¿Vos qué pensás? ¿Qué ves? ¿Qué se te ocurre? Muchas veces así, entre lo que dice uno y otro tuc, se te prende la lamparita. Hay gente que es muy él y es muy diferente cinco cabezas que piensen a que piense una. En todas las cosas que he hecho a lo largo de mi vida, con cualquiera, del tornero al de más arriba, siempre hablando las cosas. También me gusta leer, estudiar, meterme por todos lados. Para mí la matemática es una ciencia exacta, pero los programas matemáticos son tan buenos como el operador. En un momento me agarró el ataque de la simulación de motores, como en otro momento me agarró el de la simulación de circuitos. O de lo que pasa con un auto en un circuito. Y empecé a ver que con el mismo programa si lo usaba yo daba un resultado, si lo usaban dos de los ingenieros que estaban al lado mío, y a quienes yo les venía enseñando, a mí me daba un resultado, a este otro y a este otro. Y ni que hablar si el programa lo usaban en otro lado. Y ahí empecé también a enseñarles los cuidados que uno tiene que tener. La ingeniería es algo muy complejo, no es nomás dos más dos son cuatro.

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Fangio y la idiosincrasia argentina

La segunda -breve- interrupción es porque le vienen a decir algo referido a un vecino, que es jardinero. Al retomar la charla Oreste explica que está preocupado porque es un hombre que tiene un problema de salud, y teme que sea algo serio. "Yo a él y la mujer los aprecio muchísimo, por eso quisiera hablar con ellos. Los fui a buscar recién, le dije búsquese un día mañana o pasado un rato a la tarde y charlamos". Pareciera que a Berta nada se le escapa.

-¿Qué significa para vos Juan Manuel Fangio?

-Yo siempre digo que en mi vida he tenido varios padres. Mi padre fue uno. Cuando era chico y vivía en Rafaela a la vuelta de casa había un bicicletero, Orlando Bertone, que estoy averiguando si todavía vive. Lo que me quería a mí y lo que me enseñaba sobre la vida, sobre el trabajo. Él fue otro. Cuando lo conocí a Fangio fue Fangio. Los años que anduve con él era la relación de padre e hijo. Yo le digo a Cacho, la relación que no tuviste con tu padre la tuve yo. Y Cacho lo sabe perfectamente. El otro día me dijo: “¿Sabés una cosa Oreste? Recién lo entendí a mi padre poco antes que muriera. Un día nos juntamos y tuvimos una larguísima conversación, y ahí empecé a entenderlo. Lástima que fue tan tarde”.

-¿Cómo era compartir esos largos viajes con El chueco?

-Pasamos mucho tiempo juntos, viajando, metidos en el automovilismo, visitando ciudades, hablando de la vida. Juan era un tipo… dejando a un lado el tema del corredor, era un tipo tan conocedor del ser humano que a mí me dejaba con la boca abierta. Juan miraba un tipo a la cara y me decía ese tipo es así, así, así y así. Y no le erraba. Tenía tal facilidad para conectarse con una persona que no importaba en qué idioma hablara. Yo le decía, lo cargaba siempre, Juan ¡vos ni el castellano hablás bien! Hablaba todo mezclado, lo cargaba siempre. Hablaba en español y le metía palabras en italiano. Yo le decía escúchame una cosa, ¿en qué estás hablando? Pero después resulta que andábamos por el mundo y él hablaba en español ¡y los otros lo entendían a él! Personas que yo sabía que no entendían una palabra de español. Podía transmitir las cosas, a mí eso siempre me llamaba la atención. Y cómo todo el tiempo estudiaba a las personas. Un tipo increíble. Era incansable. Yo tenía veintipico o treinta. Llegaba la noche y estaba fusilado de andar de un lado para el otro. Le decía Juan estoy cansado. Él me decía: “Hermano, en la vida a uno las oportunidades se le presentan una sola vez y no hay que desperdiciarlas”. Yo no daba más, y estábamos corriendo atrás de cosas mías, y él se interesaba como si fueran para él. Íbamos a visitar a uno, a otro, a los grandes constructores de ese momento, de la Fórmula Uno, las fábricas. Llegaba la noche y estábamos muertos de no haber parado, pero nos acostábamos y bla, bla, bla, bla, a poner en claro todo lo que habíamos visto durante el día.

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-El año pasado pudiste manejar un Torino de calle en Nürburgring, recordando las 84 Horas de 1969. ¿Qué te pasó en ese momento?

-Fue lindo, fue una cosa muy linda. No soy el tipo de persona a la que esas cosas lo emocionan. Lamentablemente para los demás, porque todos los que estaban junto conmigo estaban todos como locos. Yo sí, lindo, qué se yo. Recuerdo todo eso.

-¿No sentís nostalgia por el pasado?

-No. Me dio mucho trabajo al principio. Yo la última vez que estuve en Nürburgring debe haber sido a fines de los 70. Está muy cambiado. Cuando llegué veía medio raro el asunto. Cuando entré a la pista con el Torino no entramos por el lugar donde se entraba antes, ahora es unos kilómetros antes. Cuando estoy ahí (N de la R: sentado en el sillón de su casa el Mago sostiene y mueve un volante imaginario) digo ahora vengo así y es para el otro lado. Y no, no había nada del otro lado, era derecho para allá. A la pucha, ya me equivoqué en el primer lugar. Entonces cómo es eso, cómo es esto, miraba para los costados, no me doy cuenta dónde estoy. Y tac, voy a otra curva y sí, acá la curva para el otro lado, ¡entonces me falta un pedazo de la pista! Claro, le sacaron un pedazo a la pista. No están más los árboles, o sea, eran lugares donde Juan me decía esto es así (golpea la mano simulando un pedal a fondo), mirando las ramas de los árboles gastadas, esa es la referencia. “Apuntá ahí, apuntá ahí, apuntá ahí y no le levantés”, me decía. La pierna me hacía así (ahora levanta una pierna y hace temblar el pie). En el acelerador me hacía así, no podía tener el acelerador a fondo. Entonces yo me decía estoy en este lugar, pero cuando uno llegaba abajo había un golpe y subía así, pero ¿era o no era?, ¿era o no era? Y así en cada uno de los lugares que están cambiados. En una digo acá es el puente donde se fue Carmelo Galbato afuera… no estaba el puente. Sacaron todos los árboles cerca de la pista, entonces es toda una cosa más ancha, más limpia. Me daba trabajo saber dónde estaba. Después quería ir a otra vuelta y ya… después como Ricardo Zeziola (quien construyó el Torino en el que anduvieron) se me enojó porque se lo aceleraba, empecé a ir despacio.

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-En ese viaje estuviste con Horacio Pagani, ¿qué opinión tenés de él?

-Horacio es un gran artista, es alguien con condiciones de ingeniería importantes, pero para mí lo más importante en el fondo es que es un artista. Para él todo en el auto es un arte. En los artistas a cada uno le gusta lo que hizo este pintor, o este. Cada uno los detalles los ve a su manera, pero para él es arte, y arte, y arte. Cada tornillito del auto es la parte artística de esa pieza. Todo, eh. No se escapa detalle. Y en su manera de vivir en cierta forma somos muy parecidos, y en cierta manera somos muy diferentes. Somos muy parecidos en el hecho de que a ninguno de los dos nos importan mucho los lujos. Vivir tranquilos, si voy a comer a algún lugar me interesa que me guste lo que me van a traer, no que sea de dos pesos o de doscientos. Yo quiero ir a comer donde a mí me va a gustar la comida. En muchas cosas así somos los dos. Los dos sabemos que es importante hacer deporte, mantenerse en movimiento. A los dos nos gusta leer. Pero somos muy diferentes en una cosa: él se sabe mover muy bien dentro de la parte política y yo soy justo el contrario de eso… ¡yo soy un animal!

-Al pensar tu carrera da la impresión de que te obsesionaste con invertir y hacer las cosas en Argentina, a pesar de que siempre tuviste ofertas muy concretas para irte afuera. ¿Por qué?

-Por una cosa. De joven, cuando empecé en el automovilismo, quería ir a Europa. Escribí en el libro cuando quise ir a trabajar con Alejandro de Tomaso, porque quería estar en el automovilismo de alto vuelo. Cuando vi que las técnicas que estábamos usando nosotros eran de primer nivel en el mundo, empecé a pensar que podíamos poner a la Argentina en el automovilismo en un lugar muy importante. Y empecé a jugarme la vida por eso… casi la dejo. Casi me cuesta la vida. Acá en la Argentina uno un día es Gardel y al otro es un imbécil, de acuerdo a cómo se levantó la gente. Cuando yo empecé a hacer estos trabajos y me empezaron a conocer a nivel mundial, todo el mundo empezó a ver que yo podía competir con ellos. A tal punto de que me hicieron ofrecimientos. Jackie Stewart me quiso llevar a trabajar con ellos. Fangio me ofreció hacerme cargo del equipo Alfa Romeo. Me dijo está el puesto para vos. Le dije no Juan, no quiero más. Pero en un momento yo quería demostrar a dónde estábamos, a qué punto habíamos llegado en la Argentina. Porque todo el mundo se asombraba con las cosas que estábamos haciendo. Eso me costó mucho porque me hacían ofrecimiento de afuera y yo no, no, voy a llevar a la Argentina, y acá en Argentina me daban con un palo.

-¿Por qué pensás que pasaba eso?

-Es la idiosincrasia de la Argentina. Un porcentaje muy grande de los argentinos en la vida quieren estar adelante, pero en vez de preocuparse por hacer cosas para estar adelante, se preocupan porque el de al lado no avance y lo pase. Gastan energía en tapar al otro y no en ir para adelante. Es muy común entre los argentinos. Yo he visto las piedras que a uno le ponen en el camino sin ninguna razón, nada más que porque el otro no quiere que uno esté adelante. Yo veo por ejemplo en las fábricas cuando alguno de los empleados empieza a avanzar, cómo otros le ponen trabas para que no pueda en vez del otro preocuparse por ganarle. No sé si a lo mejor son casualidades las que a mí me pasaron, pero todas las fábricas extranjeras en las que yo he trabajado colaboraban para que las cosas mías salieran bien. Cosa que acá no pasa. Entonces mi conclusión es que es algo un poco típico de los argentinos. Con los políticos ni que hablar, ¿no? No lo veía, por ejemplo, en EE.UU. antes de Donald Trump. Cuando uno veía en EE.UU. el tema de los políticos, los diferentes partidos, cuando hablaban. Ahora Trump es una bestia el tipo. Antes eso no ocurría. Se le trataba de ganar pero con respeto, cosa que ahora desapareció.

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-¿Qué pilotos te deslumbraron, más allá de sus éxitos deportivos?

-Yo creo que cada uno en lo suyo. Eduardo Copello era un pilotazo dentro de tal tipo de auto. No le gustaban los de fórmula, o no se sentía cómodo, le gustaban más los autos chicos, le gustaba más andar en el límite, límite, límite de todo. ¡Ah! Y verlo en el auto era una bailarina, faltaba que manejara con la punta de los dedos porque quedaba mejor. Una vez me pidió que ponga música en el auto, ¡quería correr la carrera con música! Y era un tipo rapidísimo, muchas veces más allá de lo que debía y rompía el auto. Gastón Perkins, por ejemplo, era un tipo de rendimiento, pero uno lo veía y parecía que iba a arrancar el volante y la palanca de cambios, pero no rompía nada. A Cacho Ruesch le gustaba mucho hablar de la ingeniería y con él podía trabajar en la parte de correr y de ingeniería. Tenía ideas rarísimas pero que funcionaban. “Pirín” Gradassi era un piloto muy muy rápido, y era muy conocedor del auto también. Cada uno se destacaba en una cosa. El Flaco Traverso para mí en los autos de TC2000 era un superdotado. Pero una cosa es en el auto de TC2000 y otra cosa es si se subía a otro auto. Por ejemplo, el “Nene” García Veiga en autos de fórmula y en autos poderosos difíciles de manejar. El “Nene” y el “Negro” Monguzzi, eran caso serio. Los poníamos en un auto de Turismo Nacional y ninguno de los dos servía para nada. Eran de ahí, de los de adelante. Pero dele un auto al “Negro” Monguzzi como el Porsche 917, que era un auto dificilísimo de manejar, el tipo se sube da dos vueltas y hace mejor tiempo que los corredores oficiales de Porsche. El “Nene” bueno, en los autos míos las cosas que he visto me dejaba con la boca abierta. Yo por ejemplo probaba el Berta LR acá en el autódromo, y Luis Di Palma iba dos décimas más rápido que yo, una décima más rápido que yo. Vino el “Nene” y se subió y a la segunda vuelta hizo un segundo menos que nosotros, que estábamos todo el día andando. Cuando se subió en EE.UU. a la Fórmula 5000 nos dejó a todos con la boca abierta. Pero en autos difíciles de manejar.

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Imbatible. La coupé Renault Fuego de Berta en manos del Flaco Traverso. Ganó seis campeonatos de TC2000. Foto: Revista Corsa.

-¿No existe uno muy bueno en todo?

-Es muy difícil juzgar a un piloto. O sea, ¿juzgar un piloto porque los mató a todos? ¿En qué los mató, en qué categoría? ¿Corrió en otra? Te dicen bueno por ahí no tuvo el auto… ¿estás seguro? ¿Se subió otro a ese auto? Bueno, Jackie Stewart, tres veces campeón del mundo, cuando dejó la F1 y corrió en auto de turismo qué hizo. Y no me van a decir que a Jackie Stewart le van a dar un cachivache para que corra. Corrió con los Ford de turismo inglés, no la veía ni cuadrada. Fangio se subía arriba de un Fórmula Uno y era un superdotado, se subía arriba de un auto sport y era bueno. A mí me decía: “Hermanito cuando yo no veo las ruedas…” Y al Mercedes le hizo sacar la carrocería. “No, no, yo quiero ver las ruedas”, decía. Para juzgar a un piloto hay que juzgar dónde está, contra quién está corriendo, qué tipo de carrera. Es difícil. Con nosotros han pasado todos los mejores, en algún momento los he visto, entonces tengo opinión. Luis Di Palma por ejemplo era un piloto que se adaptaba bastante bien a todos los autos, y que si no era tan rápido en una vuelta, era un tremendo corredor de carreras. En la lucha se agrandaba, hay otros que en la lucha se vienen para atrás. Esa es otra historia.

IKA, Alta Gracia y la familia

Berta continua la charla con TN Autos ampliando detalles, profundizando extensas respuestas y predispuesto a hablar de lo que sea. "Yo con la competición no quiero saber nada", deja en claro: "A medida que fueron pasando los años cada vez fui poniendo la mano ahí" (gesto de parar).

Y sigue: "Para mí, llegado un momento los autos y la competición eran un trabajo como cualquiera. ¿Hay que hacer autos de carrera? Hacemos autos de carrera, ¿Hay que hacer autos de carrera para vender? Hacemos para vender. ¿Hay que hacer autos de carrera para correr? Yo no. Si mi hijo quiere hacer, que lo haga".

-¿Disfrutás de manejar en la actualidad?

-No. Que me lleven y me traigan. En su momento realmente disfrutaba de manejar y probar los autos, me gustaba analizar el manejo. Pulir lo que hacía, encontrarle la vuelta. Saber por qué uno va más rápido. Fangio decía que yo era un gran piloto, y hasta me quiso hacer correr, como me quiso hacer correr Copello también. Cosa que a mí nunca, ¡nunca le quise correr a nadie! Pero sí ir a una pista y empezar a probar, y decir yendo por acá, estudiando lo que pasaba. Así voy más rápido, así se cuida más, así rinde más. Bajarme y decirle a los pilotos probá tal y tal cosa, dónde frenar, cómo frenar, de qué manera encarar la curva, mirar los detalles. Todo eso me encantaba. Ahora correrle a otro no, para nada. En Nürburgring… vamos a poner las cosas en claro, yo conocía el circuito más que nadie, eso no hay ninguna duda. Una de las cosas por las que Juan dijo basta de probar en el circuito corto, ahora todo en el largo, era para que nadie comparara los tiempos míos con los de ellos. Porque en la parte del circuito corto yo le sacaba medio minuto a Copello, que era el que estaba más cerca mío. Eduardo me decía llevame a ver cómo hacés el tiempo, dónde hacés el tiempo. Los pilotos que estaban conmigo lo tomaban eso, posiblemente un piloto de hoy en día se enojaría.

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El Cooper Tornado de Eduardo Copello. Piloto veloz que hizo una gran dupla con Berta. Foto: Facebook Sport Prototipos 1970.

-Con Copello se llevaban bien...

-Cuando andaba con el Cooper de F1 en Rafaela, yo salgo a la mañana porque Eduardo me decía “hasta que vos no me decís que el auto va bien, yo no me subo”. Entonces el tipo se da dos o tres vueltitas despacio, porque el tipo aceleraba como un loco pero nada más que en el momento, yo no sé cómo hacía para de andar despacio andar así de rápido de golpe. Cuando se hace la clasificación hace como un segundo más que yo, o algo por el estilo. Entonces me dice "flaco yo no sé, yo anduve rápido, ¿el auto andará igual que esta mañana? Date una vuelta ahora". Y me subo y hago un segundo menos de lo que había hecho en clasificación. Y me dice “naaa vos sos muy loco”. Y se mataba de la risa y ahí terminaba todo. Eso me gustaba, ir y estudiar un poco la cosa. Di Palma decía que no se subía conmigo porque yo era muy loco.

-Al visitar La Fortaleza es evidente que está en plena actividad. ¿Cómo lograste transmitir la pasión por lo que hacés a tus hijos?

-Yo la verdad que no sabría explicar por qué ocurrieron esas cosas. No sé, en mi caso particular hay algo en lo cual no puedo haber contribuido tanto yo. Mi mujer ha sido siempre muy dedicada a la familia completa y a mí. Y yo precisamente durante los años de crianza de mis hijos eran tal los líos en los que estaba metido que la familia me tenía que ayudar a mí. Cómo se formaron mis hijos es muchísima más responsabilidad de la madre que del padre. Yo siempre digo, me han tenido una paciencia. Porque no, no, no, no. Yo no vivía para otra cosa que lo que hacía. Lo digo en cierto sentido: no había horario, los años que trabajé en IKA estaba tres días adentro de la fábrica. Mi mujer me llevaba ropa para que me bañara, porque no salía de la oficina. En el taller había esas piletas donde los obreros se lavaban las manos, y yo iba y me tiraba agua y me secaba con unos papeles. Después me ponía el traje y la corbata, ¡porque era de traje y corbata! Y tres días no me movía de la oficina. Y alguien me traía un sándwich para que comiera porque tenía el escritorio mío y los autos de carrera ahí del otro lado. Y dormía un rato en el escritorio. Una noche dormí arriba de un Rambler y apareció un guardia porque claro, ¡encontró a un tipo durmiendo en un coche! Y yo lo quería agarrar a piñas al guardia, ¡déjame dormir tranquilo! Y el tipo se fue a quejar a la guardia. Una cosa de locos. Yo lo único que le inculqué a mis hijos y quisiera estar seguro de que lo hacen, es que uno en la vida tiene que ser así (N de la R: estira el brazo en línea recta). Jamás en la vida le di un centavo a alguien ni pagué una coima, jamás. En la aduana me peleé con los tipos, me pueden haber sacado lo que tenía. He perdido el Turismo Carretera. “Vos tenés que ser socio nuestro”, te dicen. No, yo no soy socio de ustedes. Ustedes páguenme el trabajo y después hagan lo que quieran. Es algo de lo que me ufano de haber hecho en mi vida.

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Un Berta LR actualmente en La Fortaleza, listo para ser restaurado.

El Mago sigue hablando de su familia y se explaya, emocionado, sobre la triste experiencia que le tocó vivir cuando su hija Cheryl, de chica, sufrió un accidente en la ruta y estuvo a punto de morir.

“Cuando se despertó después de muchas semanas estaba paralítica. Le hice unas máquinas acá y trabajé meses con ella hasta que pudo recuperar el movimiento. Fue el único momento de mi vida que yo puse dedicación plena a la familia. Después yo vivía en lo que estaba haciendo y ellos corriendo atrás mío, ayudándome”.

Se hace un silencio que no es incómodo. Las ventanas del living indican que ya es de noche. Las casi dos horas de conversación pasaron en un chispazo.

Oreste se levanta del sillón mientras cuenta por qué eligió esta ciudad: “En Carlos Paz había mucho ruido, entonces vine a ver Alta Gracia y era una quietud total. Dije este es el lugar donde yo quiero vivir”.

TN Autos se despide y El Mago insiste en acompañar hasta el portón. Mientras lo abre a la distancia, explica que le cambiaron el motor, y si bien el control remoto perdió alcance, ahora es más rápido:

“El otro iba tiqui tiqui, este va a fondo”.

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Aunque no le gustan que le digan "El Mago", todos lo conocen así. Un hacedor de glorias del automovilismo nacional. Foto: Miguel Tillous.

Fuente: TN Autos.
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Hay que tratar de ser el mejor, pero nunca sentirse el mejor... Juan Manuel Fangio

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Re: A solas con Oreste Berta

Mensaje por chgarciasys » 28 May 2019, 12:33

QUE BUENA NOTA! me agendo leerla con tiempo!
Gracias Christian!
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JUAN EDUARDO
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Re: A solas con Oreste Berta

Mensaje por JUAN EDUARDO » 28 May 2019, 14:13

Gracias por compartirla! Muy interesante
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masanchez
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Re: A solas con Oreste Berta

Mensaje por masanchez » 30 May 2019, 22:41

Notón. Muy buena. Estoy feliz de haberme tomado un rato y leerla completa.

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chgarciasys
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Re: A solas con Oreste Berta

Mensaje por chgarciasys » 31 May 2019, 07:31

Ahora sí, lectura completa!
Gracias por compartir! Es muy buena!
Y si, siempre destacó que era un piloto rápido, pero era más fuerte la creación que el manejo.

Por otro lado ( y siempre aplico el caso de Traverso, que corría todos los fines de semana) que amor y ovarios la mujer para bancarse semejante delirio laboral y no estar nunca en tu casa para tu familia...

Buenísima nota!
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martin gomez
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Re: A solas con Oreste Berta

Mensaje por martin gomez » 31 May 2019, 08:40

Creo que para el automovilismo argentino, esta en el mismo nivel de idolo que Fangio, Froilan y otros... Un grande con toda la letra

Tema aparte, sin quererlo, tengo 3 maquetas artesanales de autos de berta que los hice por ser mis preferidos... ahi cai que Berta todo lo que construyo hizo que marcara la historia del automovilismo nacional

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fvizcay
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Re: A solas con Oreste Berta

Mensaje por fvizcay » 31 May 2019, 08:50

Excelente nota. No por nada le dicen el Mago, auqnue para mi mas que mago, es genio!

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